Cinco Puntos con Popy Blasco
Pop, lucidez y glitter
En mi mundo ideal, Popy Blasco sería el presidente de España. O mejor, el dictador de España. Su cabeza es como un scroll infinito de Tik Tok, tiene un sentido del humor finísimo, no es complaciente y su mirada hacia el mundo es admirable. Lo confieso, lo adoro.
Aprovechando que acaba de publicar The Rocky Horror Picture Show, un ensayo en el que se sumerge con una pasión contagiosa en el musical más queer, irreverente y adelantado a su tiempo, le lanzo mis cinco puntos. La película es una explosión glam que unió ciencia ficción, rock, sexo y libertad. En el libro, Popy parte de su propio vínculo emocional con el film, esa sensación de pertenecer a un club privado, de encontrar un espacio seguro y sin pudor para ser uno mismo. En él también analiza la relevancia que tuvo en el colectivo LGTBIQ+, el fenómeno del cine de culto y su influencia en la cultura popular. Porque, como él dice, “The Rocky Horror Picture Show sigue siendo una obra valiente, rompedora y absolutamente vigente, incluso cincuenta años después de su estreno”.
Además de escribir, Popy es el creador de Pijas Marrones, uno de mis podcasts favoritos y la razón por la que los jueves brillan diferente. La tertulia-terapia que me arregla un día tonto. Cada semana, desde Subterfuge Radio, él y sus invitados diseccionan la actualidad con una mezcla perfecta de ironía, lucidez y mala leche bien entendida.
Bienvenida a Cinco Puntos con Popy Blasco.
Punto #1: Qué te da más placer, ¿descubrir algo nuevo o reivindicar algo viejo? ¿Por qué?
Vivo en el presente. No estoy obsesionado con descubrir cosas nuevas, pero me interesa mucho más lo que ocurre ahora mismo que lo que ocurrió antaño. Al pasado no se puede volver. La nostalgia es una droga dura que engancha y de la que es difícil salir. Por otro lado, sí creo que es importante acudir a las fuentes, a los originales. Mostrar a la GenZ y a los Alfa que detrás de esas series de Netflix que ven existen unos referentes increíbles que pueden cambiar su visión del ahora y enriquecerlo.
Punto #2: ¿Qué rasgos definen a una pija marrón auténtica?
Una Pija Marrón es mucho más que llevar el tono de piel con el UVA subido y mechas rubias, mucho más que llevar estampados de Koker. Ser Pija Marrón es un estado del espíritu; es ser una superviviente, saber pasar de la risa al llanto y del llanto a la risa. Carecer por completo de sentido del ridículo. Verlo todo normal. Estar de vuelta. Y por supuesto, tener en la cartera la tarjeta de El Corte Inglés en números rojos.
Punto #3: ¿Quiénes son tus referentes de ahora y de siempre?
En mi infancia era Dazzler, una superheroína Marvel que era una estrella del pop patinadora que con su voz emitía campos de fuerza. Era luz, brillo y divismo. En mi adolescencia fue Madonna. Ella me hizo ver que era maricón. Viendo Like a Prayer supe que yo no era como el resto de los niños del cole que jugaban al futbol. Tras Madonna vino Susan Sontag, cuando leí “Contra la interpretación”. Ella, su forma de analizar la realidad y la cultura, fue la educación que no supieron darme en el cole. Ídolos como David Lynch, Jane Bowles, Claude Sautet, Thomas Mann, Michael Cunningham… Nuestros ídolos nos construyen, forman nuestra identidad y nuestra manera de percibir el mundo.
Punto #4: Puedes invitar a cenar en la misma mesa a 5 personas de cualquier época, reales o ficticias. ¿A quién eliges y por qué?
Invitaría a Cleopatra, a Drácula, a Peggy Guggenheim, al Dr. Manhattan y a Bette Davis. Me gustan rodearme de gente guapa con buen gusto. La cultura siempre se nota en la atención por los pequeños detalles.
Punto #5: ¿Qué libro, disco o película te cambió la vida para siempre?
“La Montaña Mágica” de Thomas Mann fue una gran influencia en mi manera de percibir y de entender a las personas. “Cléo de 5 a 7” de Agnes Varda y “Las Horas” de Michael Cunnigham explican el sentido de la vida. Ahora estoy obsesionado con la perspectiva y la visión de Richard Powers.
Punto y aparte: ¿Qué te enseñó la noche que no te enseñó la universidad?
La noche es una escuela humanista, desde luego. Me enseñó mucho acerca de las carencias y de los anhelos del ser humano. Me enseñó también a conocerme, aunque soy contrario a conocerse a uno mismo del todo. Creo que no solo debemos tener secretos para los demás; también debemos tenerlos para nosotros mismos.









Popy es lo más.